Trabajo Social Forense y personas LGTBI


Hoy en día la normatividad va dando paso a una aceptación, cada vez mayor, de la diversidad. No obstante, esta especie de tolerancia hacia “lo diverso” no implica un conocimiento suficiente del abanico de realidades que existen. En el caso de las personas LGTBI, ni que decir tiene que estas realidades distan mucho de ser nuevas, incluso ante el debate actual, podemos afirmar que la ORIENTACIÓN SEXUAL y la IDENTIDAD DE GÉNERO no son una novedad sino parte fundamental de nuestro ser. Por lo tanto ¿es necesario adoptar una perspectiva de diversidad sexual y de género en nuestras intervenciones como profesionales del ámbito social? La respuesta es clara: sí. Esta perspectiva debe atender, en primer lugar, a un conocimiento de la TERMINOLOGÍA, ya que en innumerables ocasiones la dinámica profesional nos lleva a la desactualización de conceptos y a sesgos en nuestras intervenciones provocados por el escaso aprendizaje. LGTB (lesbianas, gais, trans y bisexuales) o LGTBIQ+ son las siglas más utilizadas a la hora de referirnos a las personas con una orientación o identidad no heteronormativa; también son las siglas que utilizamos a modo de paraguas para incluir a todas aquellas personas que, no encontrándose identificadas en estas siglas, se consideran abiertamente excluidas de la heteronormatividad. Del mismo modo, vamos a tener que trabajar con un término que poco nos gusta y que probablemente cualquier persona LGTBI ha experimentado (o experimentará) en mayor o menor medida: LGTBIfobia. Esta palabra que a veces nos cuesta pronunciar y cuyo significado es claro: odio, aversión o rechazo a una persona o grupo de personas o colectivo por su pertenencia (real o no) a la población LGTBI, implica que las personas con una orientación o identidad diversa sigamos teniendo, hoy en día, el temor a expresarnos y visibilizarnos. Asimismo, tenemos que familiarizarnos con expresiones como INCIDENTE de odio, DELITO de odio (o por odio), DISCURSO prejuicioso, discurso de odio, violencia, etc. si pretendemos analizar la realidad social de las personas LGTBI, porque con estas palabras vivimos y estas palabras y sus hechos condicionan en múltiples factores, no solo el comportamiento de agresores/as sino el concepto que, de nosotras, las personas LGTBI, se tiene, y el autoconcepto que de nosotras mismas tenemos. Como profesionales, debemos REPONSABILIZARNOS de que nuestro análisis social y el posterior diagnóstico tengan en cuenta que la orientación sexual y/o identidad de género de una persona es una INTERSECCIÓN fundamental, como lo son el sexo, el origen, la raza, la existencia o no de discapacidad, la edad, etc. De este modo, abordaremos una intervención con la menor cantidad de sesgos posibles. A modo de ejemplo y con el objetivo de crear un ESPACIO REFLEXIVO en el contexto del peritaje social, quiero animarte a responder a estas preguntas:

  • ¿Es la realidad social de un hombre gay de 85 años analizable en los mismos términos que la de un hombre heterosexual de 85 años? ¿Se expresarán abiertamente ambos?

  • ¿Cómo afecta el entorno laboral, en el que pasamos un tercio de nuestro día, si escuchamos de nuestros/as compañeros/as chistes sobre las personas LGTBI?

  • ¿Nacemos homófobos/as y por eso agredimos a compañeros/as desde que somos menores o nos hacen así? ¿Hay más bullying en la actualidad?

  • Considerar como un “insulto tradicional que no implica odio hacia las personas LGTBI” la palabra maricón ¿es una excusa para no revisar nuestra LGTBIfobia?

  • ¿Es un matrimonio de dos mujeres o de dos hombres analizable con las mismas herramientas que empleamos con un matrimonio heterosexual? ¿Es posible que estas últimas estén desactualizadas?

  • ¿La interiorización de la violencia es igual para todas las identidades?

Artículo escrito por Leila Bouadi Ortúzar

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